En plena adolescencia, se consagró como Reina de la Manzana en su General Roca natal. El pálpito de un reconocimiento público mayor hizo que Stella Maris Coustarot fuera rebautizada popularmente como Teté. Su pasión por cobijarse en las palabras y en el conocimiento la llevó a confirmar que su notoriedad no iba a quedar atada únicamente a su belleza.
En un diálogo íntimo con revista OCIO
durante su paso por Córdoba, Teté Coustarot cuenta cómo vive el hecho de ser referente, cómo logró el equilibrio en medio de la vorágine de la fama y cuál es su visión sobre el universo femenino y la realidad del país.

Por Sol Aguirre @sol_aguirre

 

—En tu infancia fuiste una niña prodigio. ¿Cómo viviste esa experiencia?

—A los 4 años empecé la primaria, a los 12 me recibí de pianista y a los 15 terminé el secundario. Después, a los 16, tenía la convicción de que quería estudiar periodismo y lo hice en la Universidad de La Plata. Lo viví naturalmente porque estuve muy estimulada por mis padres: mi mamá era maestra y mi papá publicista. En mi casa siempre fue más importante la formación que la belleza. Recibí buena educación y eso se lo debo a mis padres, que me miraban con confianza. Para un niño, esa mirada tiene un valor fundamental. La formación desde la casa y la posibilidad de estudiar forjan totalmente a las personas. En mi caso, si bien inicialmente el modelaje me abrió puertas, prioricé el conocimiento.

Sos una mujer que tuvo muchas oportunidades a lo largo de su carrera. En tu infancia, cuando te imaginabas como profesional, ¿esa imagen se acercaba a lo que te fue pasando?

—Hace poco tiempo busqué una foto mía que tenía guardada en casa y la puse en la cómoda de mi cuarto. Tenía dos o tres años. Me impresionó verme en una foto después de tantos años porque en un punto siento que somos esencia, que no cambiamos. Lo que veo en esa niña no es muy diferente a lo que soy. Yo era una chica muy libre, muy independiente, muy callejera, con un espíritu de curiosidad y cierto optimismo ante todo. No soy muy diferente ahora. Antes podía ver todo como una aventura, todo tenía un costado interesante, y he mantenido esa visión con el tiempo.

¿Qué herramientas te permiten conservar ese optimismo genuino, a pesar de los obstáculos de la vida adulta?

—Mantener el optimismo no es el tema. A mí me encantó una frase que leí una vez que decía: “Yo tengo una inteligencia muy pesimista, pero tengo un temperamento irremediablemente optimista”. A lo que tenemos naturalmente, cuando va pasando el tiempo, solo hay que reforzarlo… lo verdaderamente difícil es aprender a trabajar las cosas que no tenés. Siempre siento agradecimiento a lo que me ha pasado. Si tenés una mirada optimista, es más fácil vivir. ¡Ojo! Sin vivir falsamente en un mundo de ilusiones, sino siendo agradable, viviendo más contentos. Las situaciones te devuelven las cosas que has dado.

En ese sentido, ¿qué es lo más importante que te dio tu carrera?

—Indudablemente, viajar por lugares increíbles y conocer personajes que admiraba. Por ejemplo, me encanta hacerle notas a escritores porque me interesa muchísimo lo que hacen. También, a gente que no necesariamente se destaque profesionalmente por algo, sino que tiene historias para contar. Con los años me di cuenta de que muchos trabajos que hago ahora vinieron porque hice vínculos genuinos con la gente. Tomé siempre mi trabajo con alegría y responsabilidad y cuando encontraba a alguien que se quejaba, trataba de llamar su atención. El que se queja, aleja. Cuando te toca hacer un trabajo, hay que hacerlo de la mejor manera. Es una lección de vida.

Si bien iniciaste tu carrera como modelo, a temprana edad forjaste tu perfil como periodista y aún continuás en los medios. Para sostener esa trayectoria, ¿qué priorizaste en el vínculo con tu público?

—Hace muchos años que me conocen y siento que tengo muchos amigos, algo que es muy agradable. Además, he tratado de hacer un puente entre lo que sucede y lo que puede interesar o servir de algo. Eso, sobre todo, me ha permitido estar presente en la gente.

Como modelo y periodista tu perfil público tuvo mucho protagonismo, ¿cómo equilibraste eso con tu vida personal?

—Cuando te relajás y empezás a compartir y a disfrutar, es mucho más simple equilibrar todo. Para mí no hay que separar o dejar de lado cosas. Cuando se actúa de buena fe, se puede con todo. Aunque siempre estuve en movimiento y bien activa, traté de no transmitir miedos y frustraciones a mi familia. También, busqué sostener ese protagonismo en mi vida personal, brindándoles tiempo y atención. Eso derivó en una excelente relación con mi hija y con mi nieta.

¿Qué te queda “en el tintero” de tu vida personal y profesional?

—¡Uf! Hay millones de cosas que quiero hacer si dejo de trabajar en lo que vengo haciendo… pero no tengo una obsesión con algo. Si uno pone su energía en lo que está llevando a cabo, el resto de lo que se desea llega.

Una de tus actividades extralaboral es brindar charlas con perspectiva de género. A partir de ese trabajo, ¿qué análisis hacés sobre las problemáticas y los desafíos de la mujer en la actualidad?

—Desde hace un tiempo, se empezó a hablar de las situaciones que son dolorosas vinculadas con la violencia de género. El hecho de empezar a hablarlas y la toma de conciencia es un avance muy importante. Las mujeres tenemos que tomar conciencia desde los gestos cotidianos: evitar comentarios denigrantes o machistas, incluso en el círculo familiar, porque es algo muy hiriente y representa el puntapié de la indiferencia ante la violencia de género. En el caso del trabajo, es un desafío que las personas tengan la misma remuneración por igual actividad. Si bien desde la década del 60 se viene dando la revalorización social del rol de la mujer, es un tema importante en el que hay que continuar trabajando.

Como periodista, ¿qué visión tenés sobre la realidad política del país?

—Nosotros somos grandes esperanzadores, siempre que hay un cambio tenemos esperanzas. En este momento, hay una grave situación que afecta al empleo y a la economía. Desde que nací, escucho que “este año va a ser complicado”. Me encantaría escuchar la expresión “qué buen año el que empezó”. Por ahora, esto es difícil.

Frase para destacar:

“Me encantó una frase que leí: ‘Yo tengo un inteligencia muy pesimista, pero tengo un temperamento irremediablemente optimista’. A lo que tenemos naturalmente, cuando va pasando el tiempo, solo hay que reforzarlo… lo verdaderamente difícil es aprender a trabajar las cosas que no tenés”.

 

Los preferidos de Teté

Una ciudad en el mundo: Nueva York y, por supuesto, Buenos Aires, que es donde elegí vivir.

Un libro: Más grandes que el amor, del escritor y periodista Dominique Lapierre.

Una película: Forrest Gump.

Una prenda: pantalones.

Un color: rojo.

 

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