Marcos (Ricardo Darín) y Ana (Mercedes Morán) conforman un matrimonio que lleva 25 años juntos. Su hijo se va a estudiar a España, y sea el nido vacío o el vacío que venían abriendo casi imperceptiblemente, ambos se dan cuenta en una charla más o menos espontánea que no tienen nada en común que los sostenga como pareja. No es que se peleen, o se lleven mal. Sencillamente la pasión habría comenzado a extinguirse, no saben cómo reaccionar ante ese agujero y deciden separarse.

A partir de allí, cuando transcurrieron 40 de los 136 minutos que dura la película, el guión coescrito por el director y Daniel Cúparo (ya habían redactado el de Igualita a mí y Dos + dos) toma a los protagonistas en su “soltería”. Ambos son profesionales (él, profesor; ella trabaja en una empresa de marketing) y con más comedia que drama el filme los toma en sus desventuras amorosas. Sea por Tinder, Facebook o Instagram, las relaciones que van teniendo serán más o menos pintorescas (la de él con el personaje de Andrea Politti es quizá la más efectiva en el sentido humorístico).

 

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