Necesitamos dormir, necesitamos relajarnos, necesitamos estar bien. Y es lógico: somos el sostén emocional de nuestros círculos más íntimos y tenemos que estar siempre espléndidas porque es lo que se espera de nosotras. Pero cuidado, no todo lo que brilla es oro y muchas veces, a la hora de estar bien, no medimos las consecuencias que puede acarrearnos el consumo indebido de determinados psicofármacos, que prometen un bienestar que a la larga pueden traernos serias consecuencias en la salud.   

Por Guillermina Delupi/ tw: gdelupi

Sentirse bien y que ese bienestar sea ahora pareciera ser el común denominador a la hora de justificar el crecimiento en el consumo de psicofármacos, según el cual Sedronar señala que, de los 3 millones de argentinos que toman tranquilizantes, el 18% son mujeres, contra el 13% que representan los varones. Pero lo que hoy puede tranquilizarnos, relajarnos e incluso hacer que podamos dormir bien de noche, puede acarrearnos serios trastornos en un futuro más cercano que lejano.


“Estamos buscando estar bien con una manera química rápida en lugar de tratar de ver qué nos pasa y buscar la solución de otra manera. No digo que no sean útiles los medicamentos, son extremadamente útiles, pero en situaciones de crisis. La mujer que empieza a tomar un ansiolítico después no se atreve a dejarlo por miedo a ponerse nerviosa, entonces la dependencia es más psíquica que física”,sostiene Georgina Giraldi, vicepresidenta del Colegio de Farmacéuticos de Córdoba.


A la cabeza del ranking de psicofármacos se posicionan los ansiolíticos, seguidos por los antidepresivos. Pero… ¿de qué hablamos cuando hablamos de psicofármacos? “Son medicamentos con principios activos, que actúan en el sistema nervioso central alterando, modificando o tergiversando algunas de nuestras funciones. Por ejemplo, en el caso de la ansiedad, lo que hace ese principio activo, ese psicofármaco, es actuar en el sistema nervioso central para bloquear algunos receptores de neurotransmisores que produce el mismo cerebro cuando la ansiedad es muy marcada. El medicamento interfiere en la recaptación de esos neurotransmisores”, explica Georgina.


El consumo prolongado de estos fármacos, alertan los especialistas, es que a la larga producen trastornos cognitivos y de conducta porque están interfiriendo en la producción normal de neurotransmisores del cerebro.

Mayor consumo en mujeres

El crecimiento de consumo de psicofármacos en las mujeres se debe a que compartimos mucho más todo que los varones: “Así como comparte mucho más la intimidad con sus amigas, las mujeres ponen en común también con los consejos. Algunos médicos nos cuentan que las pacientes llegan a la consulta ya sabiendo qué quieren tomar. Y si el médico se niega le dicen que cómo puede ser si la amiga lo toma; que está muy nerviosa; que les grita a los chicos; que se pelea con el marido. Le cuentan todo eso y el médico le receta el medicamento, cuando lo que debería hacer es derivar a esa paciente con un psicólogo o a un psiquiatra”, dice Georgina.


En este sentido, es importante que las mujeres tengamos en cuenta que por más que a nuestra amiga le hayan recetado tal o cual psicofármaco, no todos los cuerpos reaccionan igual frente al mismo medicamento y no todos los cuerpos responden con el efecto deseado. “El seguimiento que hay que hacer es muy estricto porque esos medicamentos mal tomados, pueden producir deterioro cognitivo o algunas otras alteraciones de la conducta, graduales y progresivas”, alerta Georgina.


El rol de la industria

A nivel mundial, la industria farmacéutica supera en ganancias a la de ventas de armas y de telecomunicaciones. En ese sentido, tener una sociedad medicalizada es un negocio redondo. “El fármaco, si está bien prescripto es necesario, pero yo no veo campañas por parte de la industria farmacológica sobre el uso responsable de fármacos, al menos no en este país”, dispara Mariano Carrizo, psicólogo de Programa del Sol, entidad dedicada al consumo problemático de drogas.


De todos modos -señala-, no debería caerle todo el peso de la responsabilidad a la industria, ya que esto obedece más a una responsabilidad de los gobiernos y los Estados, que deberían trabajar en términos de sensibilización y prevención.


Una cuota de responsabilidad recae también sobre los profesionales médicos: “creo que deberían ser más cuidadosos a la hora de prescribir esta medicación teniendo en cuenta las dificultades que puede producir su uso fuera de marco”, alerta.

 

Mujeres, ¿el sexo débil?

Para el psicólogo Mariano Carrizo, las mujeres son más medicadas que los varones porque se les atribuyen a ellas menos recursos y habilidades que a los varones: “Frente al mismo trastorno o dificultad las mujeres son reconocidas con menores posibilidades de afrontarlos y por eso los profesionales de la salud les prescriben en mayor medida que a los hombres esta medicación”.


La licenciada en psicología y magister en drogadependencia Francisca Cano Yegros sostiene que el malestar femenino en las consultas médicas no está siendo bien interpretado. “El médico debería abordar la problemática femenina en forma interdisciplinaria, con una mirada de género porque no estamos pudiendo visibilizar lo que realmente le está pasando a la mujer, que muchas veces viene presionada por encontrar soluciones rápidas a ese malestar. Entonces la respuesta del médico es con un psicofármaco, que, en lugar de solucionar el problema, lo tapa”.


Según esta mirada, habría que revisar los conceptos de salud con los que operan los profesionales porque el sistema de salud dominante todavía no ha llegado a interesarse suficientemente por la especificidad del padecimiento femenino. “Se persiste en paradigmas asistencialistas que sostienen la fragilidad emocional femenina. Las altas tasas de trastornos mentales tienen que ver con la ansiedad y la depresión, que son el resultado del esfuerzo que está haciendo la mujer para ajustarse a ese estereotipo sociocultural en el cual ella está siendo exigida. Es una posición social muy desventajosa, que parte de una visión de cierta vulnerabilidad biológica y que el mismo profesional de alguna manera juzga así sin ver que hay detrás de esa consulta”.


El sistema sanitario brinda así soluciones solamente farmacológicas, cuando debería abordarse desde varias dimensiones (sociales, culturales, antropológicas).

¡Atención, riesgo de adicción!

Consultado sobre el riesgo de adicción, Mariano señala que, si bien se pueden extrapolar los mismos parámetros que existen para otras sustancias que generan adicción, como la cocaína o el alcohol, hay ciertas pautas a tener en cuenta:

  • Cuando se establece un patrón de consumo desorganizado, que no respeta ningún criterio médico.
  • Cuando se incrementa la dosis o se reducen los tiempos entre consumo y consumo.
  • Cuando la persona empieza a necesitar más medicación para evitar el displacer.
  • Cuando se instala un consumo de tipo compulsivo (no puede interrumpir ese consumo por más que entienda que es perjudicial).

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