Señalado como el hombre que le está cambiando la fisonomía a Güemes, Marcelo Zidarich aprendió a incursionar en proyectos “distintos” sin temor a los riesgos. Al frente de Zidarich Inversiones, un “volcán de ideas” , como a él mismo le gusta definir, no suelta sus
proyectos hasta que no están funcionando.
Por Guillermina Delupi

Siempre ávido por instruirse y conocer, Marcelo Zidarich (52 años, divorciado, dos hijos)
se metió desde muy chico en el rubro inmobiliario. Allí aprendió todo lo que hoy vuelca con
tanta pasión a la hora de pensar en nuevos emprendimientos.
Dedicado en sus inicios enteramente a la construcción de edificios, con el correr de los
años se fue enfocando en desarrollos inmobiliarios más experimentales, que le dieron vida
a espacios como Barrio (inicialmente pensado como una galería y hoy consolidado como
una callecita de bares en pleno Güemes), Gremio (una galería ubicada en Barrio Jardín) y
Convento (la última apertura de Zidarich, también en Güemes, orientada a un complejo de
usos múltiples que incluye locales, oficinas comerciales y gastronomía).
Cada proyecto es llevado adelante con partners y un trabajo en equipo que para él es
fundamental.
El desarrollista inmobiliario está al frente además de la cadena de heladerías Chuii, que
cuenta con siete locales en la ciudad de Córdoba y planea nuevas aperturas.
Amante del handball -deporte que además practica-, formó una comunidad con amigos
empresarios para apoyar el deporte amateur y busca convertirla en una fundación.

-¿Cómo empezó tu carrera en el sector inmobiliario?
-Empecé a incursionar en los temas inmobiliarios desde muy chico -a los 18, 19 años- en
una inmobiliaria muy chiquita de barrio. Ahí aprendí un poco la profesión. Después me
integré a una empresa más grande y aprendí el oficio. También, desde muy joven, fui
invitado a formar parte de una nueva empresa donde estuve 20 años dedicado a la
actividad inmobiliaria solamente. Formamos una empresa constructora con la que
empezamos a construir edificios allá por 1997. En el 2004 vendo mi parte y sigo por mi
cuenta con Zidarich Inversiones.

-Zidarich es mucho más que una inmobiliaria…
-Es inmobiliaria, constructora y desarrollista. Es como un volcán de ideas, digamos. Al
principio hacíamos la administración tradicional -que seguimos haciendo- y tiene un ala, la
parte constructora, con la que desarrollamos edificios, hasta que nos cansó. Los riesgos
son muy altos y faltan ordenanzas claras, facilidad en la forma de aprobar los proyectos,
que por cierto se hacen muy largos y pasan de gobierno en gobierno y con situaciones
económicas muy cambiantes en el país. Entonces construir puede demandarte hasta 10
años, dependiendo del proyecto.

-Claro, es mucho tiempo.
-Y mucho riesgo económico. Hoy hay muchas empresas que, con un dólar a 40 pesos
están replanteando su métier y viendo para dónde salir. Es complicado.

-Retomando: se cansaron de hacer edificios.
-Sí. Hacía varios años que estábamos construyendo en Güemes y empezamos a
experimentar en proyectos como éste (NdelE: habla de Convento, un inmueble histórico ubicado en Belgrano 648 donde funcionara -justamente- un convento, ahora convertido en
un complejo de usos mixtos).

-¿Por qué elegiste Güemes para tus proyectos?
-En realidad en esto no se elige. Aparecen propuestas distintas y hay momentos de auge
cuando aparecen oportunidades. Allá por el 2006 el auge era Nueva Córdoba, todo el
mundo construía allá y a nosotros nos ofrecieron una tierra acá; pero la zona era otra
cosa…

-Claro, tenía una fisonomía completamente distinta.
-Sí, pero la tierra era linda, el proyecto era interesante y económicamente cerraba.
Recuerdo que con Duilio (Di Bella) diseñamos una campaña con la que tuvimos mucho
éxito y nos fue muy bien, pero la rentabilidad también era otra.

-¿Cómo era la campaña?
-Era un diario donde contábamos lo que iba a pasar en Güemes; hablaba del Soho de
Nueva York, de Palermo y Puerto Madero en Buenos Aires; de distintos barrios del mundo
que se transformaban en zonas de auge. Y hablaba de cómo iba a ser Güemes dentro de
10 años. Montamos una carpa gigante, armamos una fonda y contratamos a la gente de
La Cochera, que hizo una obra para 120 clientes en la que se mostraba el Güemes de
antes y lo que nosotros queríamos del barrio en el futuro. Nos fue muy bien, ese día
vendimos entre 15 y 20 departamentos. A partir de ahí hicimos una pruebita con una
galería que se llama Caribú. Tuvimos éxito. Hicimos el proyecto Barrio -que cumple cuatro
años en diciembre- con unos terrenos que le compramos a la Provincia (donde funcionaba
la seccional décima). Después de algunos inconvenientes y gracias a un arquitecto que
nos propuso salirnos un poco de “lo cuadrados” que somos a veces los desarrollistas
porque vemos sólo los números (se ríe), pensamos en hacer algo diferente. Así nació
Barrio, una galería que refleja distintos barrios del mundo y donde un galpón es como el
Soho de Nueva York, el otro como los locales típicos de Londres, otro es un puertito de
Hamburgo con contenedores. Y la verdad es que nos fue bárbaro. Estos procesos de
construcción y realidad, además, son mucho más cortos, se hacen en ocho meses.

-¿Y luego?
-Hicimos una galería en Barrio Jardín, que se llama Gremio.

-¿Y cómo les está yendo?
-Como a todos. La situación económica pega mucho en todos lados, pasa que en este tipo
de emprendimientos mixtos pega más fuerte porque los locales vacíos se notan mucho,
más uno en la Yrigoyen. Es el mismo fenómeno de los shoppings.

-¿Vos creés que Güemes tiene una especie de microclima por el tipo de público?
Digo, trabajan mucho con el turismo.
-Tenemos público turístico y también netamente de diversión. Pero hoy esta zona está
sufriendo varias crisis: la del país, la de las obras, la de los puesteros, la de la falta de
seguridad. Sin duda tenemos un microclima, pero que tampoco le funciona igual a todos;
le funciona a los bares, los locales comerciales la reman mucho.

-¿Qué es lo que te inspira cuando pensás en estos proyectos?
-Me inspira trabajar, pensarlos, diseñarlos. redactarlos, analizarlos, construirlos,
terminarlos y que triunfen. Nunca me voy de un proyecto, por más que me lleve años, sin
que triunfe. En miles tuve que reconocer que no iba, pero no delego la responsabilidad de
que el proyecto funcione. Ahí tenés que estar vos. Nunca me inspiró la plata, creo que el
dinero es la consecuencia de hacer las cosas bien. Creo que si uno piensa, trabaja, se
asesora, comparte los negocios con buenos socios y escucha, tiene un 80, 90% de que las
cosas salgan bien, por ende gana plata.

– De todos los proyectos que has hecho, ¿cuál es el que mayores satisfacciones te
ha dado y cuál es el que menos?
-El que más plata me ha dado ha sido construir edificios; también es el que me ha dado
menos satisfacciones. Creo que el que más me enamoró fue Barrio, pero también tiene
que ver con el contexto de este país hace cuatro años, donde todo funcionaba. Hoy, Barrio está consolidado como una callecita de bares más que una galería. Convento me gustó
mucho hacerlo también, porque me gusta mucho ediliciamente. Ahora hace falta que
funcione, lo abrimos en invierno, que es un momento malo, pero a mí me gusta mucho
estructuralmente. Todos tienen algo.

-Convento tiene su historia también.
-Son distintos todos. Hay un trabajo de investigación, de estudio, de enamorarse del
proyecto, previo a empezar a construir, que es muy importante. Convento fue un desafío
muy grande porque no podíamos hacer nada que implicara tocarlo ediliciamente.
Transformar algo que es histórico en algo comercial sin tocar la estructura arquitectónica
es complicado.

-¿Y vos te involucrás en absolutamente todos los detalles?
-En todos. Me junto con los arquitectos, con los comerciales, con los constructores. Todas
las negociaciones con los inquilinos son conmigo. Pero mi esencia es así, lo que no
significa que no me equivoque, porque claramente no sé de todo. A los arquitectos es a
quienes más escucho. Valoro mucho la capacidad de los creativos también.

-¿Qué tan lejos creés que están de aquella campaña que imaginaron con Di Bella?
-Creo que el visionario fue él, porque él pensó esa campaña, él imaginó este Güemes…

-Pero vos lo estás haciendo realidad.
-Sí, pero él lo vio. Después la vida y las situaciones fueron haciendo que yo vaya tomando
este camino y que me vaya animando a hacer estas cosas y abriéndome a proyectos tan
distintos, que siempre son riesgosos.

-¿Vas buscando partners o encarás proyectos solo?
-Siempre con socios. Me gusta mucho trabajar en equipo porque tenés distintas visiones
de las cosas.

-¿En qué estás ahora?
-Puse un pie en el freno por varias razones. Primero porque la situación viene mal hace un
año. Hoy hay una crisis puntual con el dólar pero los locales no venden y se vacían en la
ciudad hace un año. Entonces estamos dedicados al funcionamiento de las galerías,
armando equipos de comunicación, estudiando, consolidando cada uno de los proyectos.
Poniéndole muchas horas a los helados (NdelE: se refiere a la cadena de heladerías
Chuii).

-¿Cuántos locales tiene la marca?
-Tenemos siete funcionando en la ciudad y en breve abrimos tres más: en Villa Allende,
Alta Córdoba y Nueva Córdoba.

-¿Con quiénes compiten?
-Caseratto, Cremolatti, Bariloche. Es un helado medio, de buena calidad, con un precio
que no es superior al de ellos. Tratamos de tener buenos locales, capacitar a la gente en
atención, ponemos mucho el foco ahí.

-Entre todas las actividades que tenés, también estás es una fundación que apoya el deporte amateur, ¿cómo es eso?
-Yo soy deportista de toda la vida, juego al handball amateur y conozco mucho la
problemática que tienen los jugadores amateurs para practicar deportes. Hay una falta de
interés de los gobiernos en que el deporte sea una herramienta para educar. Entonces
hace cuatro o cinco años empezamos a trabajar entre un grupo de amigos empresarios en
apoyar el deporte amateur. Lo hacemos con nuestro deporte que es el handball y con
otros deportes cuando podemos, ayudando económicamente, buscando sponsors para
viajes. El año pasado empezamos a hablar más en serio y este año arrancamos con
muchísimas ganas de armar una verdadera fundación y empezar a trabajar más
fuertemente. Luego aparecieron problemas que hicieron que lo urgente se pusiera por
encima de lo importante, pero sí estamos trabajando en eso. Es un proyecto al que me
gustaría darle más horas.

Al toque:
– Nombre completo: Marcelo Zidarich
– Edad: 52
– Signo: Leo
– Mi fortaleza: La perseverancia y el optimismo
– Mi debilidad: Me cuesta mucho ser ordenado
– Un libro: La catedral del mar
– Un disco: Say no more, Charly García
– Una película: La vida es bella
– Un vino: Achaval Ferrer Malbec
En las redes:
– FB: /marcelo.zidarich
– Instagram: @zidarichmarcelo

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