Con más frecuencia de lo que se reconoce, la pérdida de deseo sexual es una realidad cada vez más extendida. En este informe, especialistas brindan algunos conceptos para comprenderla, claves para detectarla y consejos para volver a encender las ganas.

 

José Busaniche

Aunque aún no hay datos certeros, hasta hace algunos años se afirmaba que el 30 % de las mujeres y entre el 8 % y el 10 % de los hombres padecían de falta de deseo sexual por períodos prolongados durante su vida adulta. Algunos estudios recientes avanzaron para derribar dos fuertes preconceptos: que la falta de deseo sexual era mucho más frecuente en mujeres y que era una patología casi exclusivamente asociada a personas de edad avanzada. En los últimos años, esa realidad comenzó a mutar y cada vez son más las personas de entre 30 y 45 años que llegan a consultorios de sexólogos y médicos manifestando haber pasado por etapas de bajo deseo sexual.

Un abanico de causas

“Me pasó muchas veces. Este año me pasó, el año pasado me pasó bastante tiempo. No sabría decir a causa de qué o si es algo hormonal. No he ido al médico, siempre lo viví como algo que se da o como etapas. No me obligo a tener ganas”, cuenta E., comerciante de 30 años. Jornadas laborales extensas, actividades muy rutinarias, mala comunicación en la pareja o la prolongación de relaciones conflictivas son elementos comunes que alimentan la caída en el deseo sexual.

Hay, además, aspectos exógenos a la persona, como el clima social o los malos momentos económicos: “los trastornos en la fase del deseo sexual son muy frecuentes. Es cierto también que fenómenos relacionados con el estrés y un aumento en la expectativa de vida, tanto de hombres como de mujeres, hacen que la falta de deseo sea un motivo de consulta cada vez más habitual.

El equilibrio de ciertos neurotransmisores o los niveles hormonales pueden estar modificados por acción de ciertos estados patológicos o de la excesiva medicación empleada en ciertas enfermedades, como el caso de los antihipertensivos, antidepresivos y muchos otros fármacos utilizados en forma habitual.

Asimismo, el deseo puede encontrarse modificado por el consumo de drogas y otras sustancias tóxicas, así como por estados que afectan la salud en general. Creo que sería importante derribar el falso concepto con respecto a la relación entre la falta de deseo y su mayor incidencia en el sexo femenino, ya que las nuevas estadísticas demuestran que el deseo sexual hipoactivo se presenta tanto en hombres como en mujeres”, plantea el doctor Gabriel Femopase, presidente de la Fundación Sexológica Argentina.

“Siempre decimos que hay un ramillete de factores. Por supuesto que si una persona está atravesando un momento de crisis económica o está sin empleo eso va a afectar de forma directa. Creo que es positivo que estos temas comiencen a hablarse. Y hay que informarse. Muchas veces recibimos en el consultorio pacientes que vienen pensando en sus problemas hormonales. Eso se puede diagnosticar con un simple dosaje hormonal. Pero diría que en el 90 % de los casos los niveles hormonales están bien y hay que buscar otras causas”, explica, por su parte, el doctor en sexología Juan Carlos Kusnetzoff.

Según su experiencia, un abordaje más efectivo es tratar de trabajar sobre los aspectos y la información que rodea a determinado paciente o a su pareja: “hay que ver qué hay en el entorno de esa persona, los conflictos manifiestos, el aburrimiento, el exceso de rutina. En general, la falta de deseo está más vinculada con eso. El hombre es un poco más hormonoresistente y la mujer un poco más hormonosensible, el tema hormonal tiene más presencia en la mujer, pero en un trastorno circunstancial”, dice. Y propone, como primera herramienta para resolver la falta de deseo, la consulta psicológica: “la terapia es fundamental. Lamentablemente, no hay mucha gente preparada específicamente en esto, un poco por culpa del psicoanálisis que monopolizó todo durante 50 años. Y también hay un vacío del Estado desde el aspecto sanitario y los problemas de la sexualidad invaden otros sistemas. A mí me llegan las víctimas de la ignorancia de la educación sexual”.

Cómo detectarla y resolverla

Actualmente, los especialistas en sexología cuentan con muchas herramientas para trabajar intentando corregir o modificar los trastornos que afectan el deseo. “Hay que interrogar con perspicacia. A un paciente no le pueden decir que ‘no tiene nada’ porque es lo peor que le pueden decir. El deseo se puede estimular, pero depende del origen de esa pérdida. Hay que poner la pimienta en los recursos que cada uno tiene”, plantea Kusnetzoff.
El Dr. Femopase afirma que hay mucho para hacer: “desde encuentros para asesoramiento sexológico en los cuales se imparten conocimientos básicos sobre lo que es el sexo, lo que es el erotismo, el hedonismo y la respuesta sexual, pasando también a consultas de focalización sensorial con las cuales se intenta modificar las experiencias eróticas a través de la desgenitalización de los encuentros. Creo, sin miedo a equivocarme, que esta exageración, en el valor que se le atribuye a los genitales, ha afectado el deseo de hombres y mujeres. Creo también que de tanto hablar de genitales, nos hemos olvidado del sexo en el concepto más amplio de su palabra, ya que el sexo es un fenómeno biográfico y no biológico. Y si lo consideramos como un fenómeno biográfico, es aquí donde el deseo se construye no solamente desde los fenómenos biológicos, sino desde los elementos culturales que forman la identidad de todos los seres humanos. El ser humano no desea las cosas bellas, a la belleza la construye al desearla. Deberíamos construir un deseo y un erotismo luminoso y solar, sacándolo de las sombras, de la culpa y de lo moral, para construir un deseo basado en la ética, ya que no puede ser mi deseo tu displacer y no puede ser tu deseo mi displacer. Creo que queda pendiente en la sociedad repensar el deseo para construir un mundo mucho mas empático, solidario y luminoso”.

¿Qué son la anorexia y la bulimia sexual?

El doctor Femopase explica las características y condiciones de dos facetas de la falta de deseo sexual: “anorexia sexual es la pérdida global del deseo sexual relacionado con trastornos depresivos, alcoholismo, abuso de drogas y déficit hormonales. Las causas de la anorexia sexual, o del deseo sexual inhibido como se lo conoce, pueden ser debido a un comportamiento, a menudo encubierto, de evitación sexual: el fenómeno de las antifantasías, que bloquean los sentimientos de deseo y producen obsesiones que provocan angustia. También, el miedo al desempeño sexual y el temor hacia la estimulación física o psicológica pueden evitar la expresión del deseo. Lo que se conoce como bulimia sexual está más relacionado con trastornos de tipo psicológico y de comportamiento que requieren una asistencia diferente a la sexológica y más relacionada con la psicopatología. El concepto de deseo sexual hipoactivo tiene diferentes interpretaciones según el contexto cultural en el cual se analiza el deseo, ya que factores culturales condicionan la capacidad deseante de los seres humanos”.

“Deberíamos construir un deseo y un erotismo luminoso, sacándolo de las sombras, de la culpa y de lo moral”, Dr. Gabriel Femopase.

 

El “chip sexual”, una alternativa en Córdoba

El método que popularizó hace un par de años la actriz Carmen Barbieri ya llegó a Córdoba. Se trata de un implante de la hormona testosterona, de origen botánico, que se coloca con una leve incisión en la zona de la cadera y va liberando pequeñas dosis de esa hormona. En Córdoba lo coloca la doctora Mónica Ñañez (Instituto Oulton) quien asegura que tiene resultados muy positivos mejorando la lubricación vaginal, tonificando la masa muscular y aumentando la líbido y la energía de las pacientes. Tiene una duración de entre 4 y 6 meses y un costo de $ 8.000.

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