Descripto como un estado de locura temporal por algunos científicos, el enamoramiento,
esa sensación permanente de “mariposas en la panza” es una etapa que más temprano que tarde tiende a pasar. Y cuando esta desaparece, ¿qué es lo que queda?, ¿cómo lograr que el vínculo se coloque por encima y consolide a la pareja? Con todos sus bemoles, aunque tambalee, atraviese por malas etapas y sufra transformaciones, seguir apostando al amor pareciera que funciona, aún en la era de la inmediatez.
Por Guillermina Delupi

Los cinco elementos: el amor se construye

Las parejas no pueden adaptarse a los nuevos tiempos sin trabajo y esfuerzo: hay que estar atentos y conscientes para ver cómo se va transformando el vínculo en función de las
transformaciones individuales y del medio.
“Uno de los elementos que más contribuye tiene que ver con estos mitos e idealizaciones
de ‘nos enamoramos una vez y ya está: seremos felices para siempre’. Y no es así. Otro de
los mitos es que nada se va a transformar en lo sexual: que al principio hayamos tenido
relaciones día de por medio, no significa que lo tengamos que sostener. Las frecuencias se
modifican y algunas personas lo toman como algo personal: ‘no le gusto, no le atraigo, no
me quiere’. Este síntoma, que sí es concreto, no es otra cosa que la interpretación que se
hace de ese tema y es muy propia de la subjetividad de esa persona”, sostiene la sexóloga
Silvia Aguirre.

En este sentido, advierte que cada vez hay más rupturas de pareja y que ese número irá
incrementándose: “Parecería que vamos a vivir cada vez en mayor soledad, mayor
individualidad y con vínculos menos estrechos: parejas que se disuelven porque ya no está
el mandato social de que la pareja tiene que durar para siempre, aunque aún hoy esas
disoluciones se vivan como fracasos. Hay una ilusión de permanencia que no se puede
sostener, entonces o la ilusión está mal o está pasando algo que hace que eso que se
pretendía no se pueda llegar a dar”, explica.

Aguirre observa cinco elementos a los que podemos aludir dentro de la pareja: el sexo, el
afecto, la comunicación, la contención y un proyecto conjunto.
Así, siempre existe más de un área afectada en las crisis de pareja y raramente lleguen a la consulta diciendo que están bien en todo, menos en el sexo. “¿Es tan determinante estar
bien en la sexualidad para que todo lo otro se sostenga? Es un reduccionismo brutal, un
barbarismo. Así como es cierto que por más que tengas afecto y un proyecto no te alcanza
para estar bien en la sexualidad, son elementos que tienen que ir avanzando conjuntamente con la pareja”, explica Aguirre.

Solo el amor (no es suficiente)

Para Alejandro Reyes, psicólogo dedicado a terapia de parejas desde hace 15 años, lo más
frecuente en las parejas que llegan a su consultorio es un desorden en sus relaciones.
“Muchos autores están hablando de que el amor solo no es suficiente, que se necesita un
orden. Muchas parejas se desordenan cuando uno de los miembros le pide demasiado al
otro, como por ejemplo que se haga cargo de algunas necesidades emocionales que tiene.
Y para el otro la carga es demasiada”.

Reyes remarca que la historia de la pareja ha ido cambiando con el tiempo y que hoy estas
también demandan calidad del tiempo compartido: “en la época de nuestros abuelos la
función de la pareja era criar hijos, luego tener un patrimonio y así; pero hoy en día no es
suficiente porque uno de los objetivos de la pareja es pasar buenos momentos”.
Si bien las consultas de pareja se han ido incrementando en su consultorio con el correr de
los años, el psicólogo reconoce que hay una noción mucho más fuerte de pedir ayuda.
“Vienen desbordados por situaciones de estrés, hijos, trabajos; tienen más peso las
obligaciones y se olvidan de tener una vida de pareja”.

El primer punto de conflicto, lejos de las infidelidades, son las neurosis individuales,
personas que traen conflictos individuales a la relación y que generan ciertos “ruidos”.
“Lo que más veo son necesidades emocionales individuales que afectan a los dos.
Entonces trabajo con la pareja al principio y luego me quedo con uno solo; después retomo
la terapia con ambos”, explica.

Si bien es cierto que muchas veces el peso de esas carencias emocionales recae sobre uno
de los integrantes de la pareja, muchas veces son los dos los que se demandan
demasiadas cosas: “Esto de ‘cuidame, atendeme, protegeme’ conlleva al conflicto porque
es tanta la exigencia que no se soporta. El amor no alcanza. No es suficiente, necesita
ciertos órdenes, cierto equilibrio para que pueda fluir”, señala Reyes.

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