Actriz, mamá e imagen de reconocidas marcas, Dolores Fonzi dueña de uno de los rostros más hermosos de la Argentina. Mano a mano con una mujer cuya esencia es aún más atractiva que su apariencia.

Por Cheche Caudana
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―Te conocemos mucho profesionalmente, a través del cine, la tv… pero ¿cuánto de eso se replica en tu intimidad? ¿Cómo sos puertas adentro?
—Soy bastante tranquila, pero todo depende obviamente de las situaciones. En cuestiones del día a día trato mucho de disfrutar, hacer un trabajo intenso en ese sentido. Disfrutar de mis hijos cuando estoy con mis hijos, disfrutar de mi trabajo cuando estoy trabajando. En definitiva, disfrutar del aquí y ahora, estar presente en cada momento.

―Estás trabajando mucho ahora, te vemos en varios proyectos…
—Yo no trabajé demasiado cuando mis hijos eran chicos. Ahora, ellos están un poco más grandes, y una vida más activa e independiente de mí. Eso está bueno, me da más tiempo, me saca culpa materna, que todas las mujeres tenemos y que es espantosa. Poco a poco siento que las cosas se van acomodando. En un momento, la maternidad llega a movilizar todo y lentamente te vas estableciendo, te vas conociendo con tus hijos y comienza una relación y una vida más ordenada.

―¿Qué es lo que más disfrutás compartir con ellos?
—Lo que me encanta es hacer programas con cada uno, programas independientes. Lázaro, como buen varón, es muy cariñoso conmigo, muy mimoso y le gusta mucho ir al cine. La nena es más reflexiva, de diálogos, de preguntas más profundas. Me rio mucho con los dos. Procuro buscar un espacio para cada uno, para que no estén pegados todo el día. De todos modos, comparten muchos momentos, obviamente, son muy buenos hermanos, se llevan re bien, se cuidan entre ellos… Se pelean, como todos los hermanos, pero ¡se adoran!

―¿Sos de ocuparte de alguna de las tareas domésticas? Barrer, planchar, ¿alguna funciona como catarsis?
—De las mascotas me ocupo mucho yo. Tengo perro, gato y conejo. Les doy de comer, le limpio la jaula al conejo, saco a pasear al perro, les saco las pulgas. Ellos están bajo mi cuidado. Somos muchos y si no ¡todo sería un caos!
También me encargo de la cocina, me gusta procurar lo que se va a comer. Vivo en un barrio, como los de antes, y tengo todo cerca: la verdulería, la pollería, la fiambrería… Así que voy con el perro a hacer las compras y meto actividades conjuntas. Me gusta cocinar, es un momento de disfrute y, después, por supuesto, comer todos juntos.

―El amor después del amor… ¿Cómo es volver a enamorarse? (Desde hace dos años está en pareja con Santiago Mitre, director de La Cordillera.)
—Yo creo que es mejor, una sabe lo que quiere, lo que no quiere, se conoce un poco más a sí misma, sabe hasta dónde puede llegar. Las segundas nupcias, aunque no me haya casado nunca, creo que son las mejores. Estás más afianzada, todo es menos perturbador. Siento que la juventud y el amor configuran un torbellino de emociones: hacés las cosas mal, no parás para reflexionar y no te podés comunicar.
Obvio que hay un montón de cosas que pasan en un primer amor que son muy fuertes. Yo lo conocí muy joven a Gael (García Bernal, padre de sus hijos), pero ahora que estoy en pareja con Santiago todo es más tranquilo, más aplacado, más plantado, de construcción real.

―¿Qué te enamoró locamente de Santiago?
—Que es muy bueno, que es una buena persona. Me potencia, soy quien soy con él, no tengo que actuar nada.

―¿Antes sí lo tenías que hacer?
—Una se pone en ese lugar. Todo tiene que ver con una, no es para tirar culpas al otro. Supongo que la segunda vez para todo el mundo es igual, más fácil, salvo que estés enfermo y te guste estar en esas relaciones complicadas. Ahora es construir, estar atento al otro, interesarse. Hay que ponerle voluntad.

―Se te nota una persona muy alegre, atravesada por el humor… ¿sos así?
—Soy muy optimista, soy también dramática, pero trabajo mucho para que eso no me gane. Hago terapia desde los 19 y creo que es fundamental que todo el mundo lo haga. (N. de la E.: Justo en ese momento recuerda que a esa hora tenía sesión con su terapeuta y ¡olvidó avisarle que estaba en Córdoba!)
Volviendo al tema (risas), soy superoptimista, creo que nada es demasiado grave, soy superpráctica. Si tiene solución, vamos para adelante y si no, no nos enredemos. No me enrosco.

―¿Y toda esa terapia ayuda a afrontar la relación con el ex?
—Un ex con hijos es distinto. Con Gael todo bien, bueno, como cualquier ex. Él va, viene, se ocupa de lo chicos, normal. Es un padre “ex”, con todo lo que eso implica. No voy a hablar mal de él ahora, pero podría (risas). En fin, un ex…

―¡Mejor salimos del tema! Gracias a tu personalidad, tu belleza, tu talento, muchos diseñadores te buscan como imagen de sus marcas. ¿Cómo es tu vínculo con la moda?
—Me encanta mucho la ropa, pero ante todo elijo estar cómoda. Me encantaría, por ejemplo, poder usar tacos todo el día sin parar, pero me muero, me duele, me pongo de mal humor. Es como no comer, no dormir, una molestia innecesaria. Trato de equilibrar, porque, obvio, me encanta la moda.

―¿Tu prenda fetiche? ¿Lo que siempre te salva?
Una blusa de seda con unos jeans. Eso más unas buenas botas o zapatos y estás bárbara.

―En cuanto a cuidados estéticos, alimentación, ¿sos estricta?
—Soy un desastre, me encanta comer, así que por eso entreno tres veces por semana. Me cuido la piel, voy a una dermatóloga, me limpio la cara, me hago lo que tengo que hacer. Pero si vengo un día a Córdoba, como hoy, no traigo las cremas de limpieza, me arreglo con la loción de baño, con la toalla, veo… ¡con lo que haya! Pero sí me cuido el pelo, la cara…

―¿Lo mejor de los 20?
—La joda, los amigos, salir a bailar, trabajar sin parar, esa energía que nunca se terminaba.

―¿Lo mejor de los 30?
—Etapa de crecimiento, de establecerte con lo que ya aprendiste. Ya no quiero tantos cambios.

―¿Lo que esperás de los 40?
—Estar contenta y poder disfrutar de lo que ya construí.

―La Cordillera fue una de las películas argentinas más esperadas del año y si bien tuvo críticas encontradas, todos coinciden en tu excelente interpretación. ¿Qué implicancias tuvo asumir el papel de Marina, la hija del presidente de la Argentina?

—Fue un personaje de mucho desafío, interpretativo, de concentración, jugoso por todos lados. Marina es una mujer muy intensa, todas sus escenas son extremas. Siempre está al borde, todo lo que vemos de ella es exacerbado. Hija del poder, heredera sin querer del poder, pone en peligro la integridad del presidente al exponer quién es, supuestamente, su padre.

―Si pensamos en Paulina (La Patota) o en Eugenia (La Leona), son personajes fuertes, de personalidad marcada. ¿Qué lugares disfrutás más explorar como actriz?
—Me gusta todo, me gusta también la comedia, me gusta actuar en general. Es verdad que los últimos personajes que me están llegando son de este calibre, mujeres poderosas o que desafían el poder. Pero también me gustan roles más tranquilos, más relajados.

DOLORES por Dolores
Marca de ropa: Jazmín Chebar.
Perfumes: Me gusta todo, desde el talco Vidol de la farmacia o la colonia Heno de Pravia hasta los perfumes como el Hermes de naranja.
Tatuajes: Tengo cuatro: un triángulo, un ancla, un infinito y un ojo.
Mejor plan: Para ser honesta, estar en mi casa viendo una peli, comiendo comida de delivery, helado, ¡bien de vieja!
El mejor ex: El que no molesta.
Defecto: Controladora.
TOC: Controladora.
En tu cartera nunca falta: Rouge, un perfume, billetera, cigarrillos, chicles.
Personaje que soñás interpretar: Presidenta de la Nación (me quedé con las ganas por La Cordillera).
Si fueras presidenta…: Me ocuparía de igualar derechos entre hombres y mujeres y revisaría el tema de la legalización del aborto. Soy muy feminista.

Dolores en redes:
Instagram: @lolafonca
Twitter: @fonzidolores

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