Una vida sexual activa es parte fundamental de una relación de pareja estable y saludable; el sexo es una de las características más importante que diferencia a una pareja de una amistad.

Sin embargo, no es posible hablar de “normalidad” a la hora de plantear frecuencia e
intensidad de encuentros sexuales. Cada pareja construye una intimidad que es propia y es
sumamente importante que ambos se sientan cómodos y a gusto en esa suerte de acuerdo
implícito.

En la vida de las parejas, en ocasiones, suelen darse desencuentros en la cama provocados por disminución o ausencia del deseo sexual. Puede manifestarse de diferentes formas: falta de interés por el sexo, pero con capacidad de responder a los estímulos del otro y lograr sentir excitación y orgasmo, o bien, apatía total para iniciar una relación sexual y, además, sentimiento de rechazo a la cercanía sexual de la pareja. Esta situación genera sentimientos de frustración, enojo y aumento de la ansiedad, que ponen en jaque a las parejas que las padecen.

Es esperable que, si hace un tiempo está instalada la falta de deseo, comience a generarse un “círculo vicioso” que profundiza y agrava aún más la situación. Se evitan los acercamientos y situaciones de intimidad, esto provoca aumento de la tensión y malestar en la pareja por el impacto negativo que esto tiene en quien es rechazado, en contraposición al sentimiento de presión que vive quien no tiene deseo sexual. Esta incomodidad y distancia, disminuye aún más las posibilidades de que pueda generarse un encuentro. Este estado tiende a agravarse con el paso del tiempo si no hay cambio.
Pueden identificarse dos tipos de causas fundamentales: Orgánicas o fisiológicas, entre las que pueden mencionarse, tratamiento con algunos medicamentos, alteraciones hormonales y enfermedades metabólicas.

Sin embargo, en la generalidad de los casos, la falta de deseo sexual está asociada a
dificultades de tipo psicológico y vincular. Problemas de pareja, trastornos del estado de
ánimo, ansiedad, estrés, cansancio excesivo, baja estima de la propia imagen corporal,
inseguridad respecto a la propia capacidad de satisfacer sexualmente al otro, vida sexual poco satisfactoria y monótona.
Es clave destacar el rol que puede tener en la ausencia total o parcial del deseo el
aburrimiento sexual. Para evitar entrar en una etapa de rutina y monotonía sexual, aburrida y desmotivadora, es importante fortalecer la comunicación en la pareja, poder expresar gustos, fantasías. Poner en práctica juegos sexuales, animarse, reinventar la vida sexual para reencontrarse en la novedad.

¡Activar nuevas sensaciones y espacios de intimidad no se limita a lo sexual! Divertirse juntos, conocer nuevos lugares, desafiar a la rutina con pequeñas actividades compartidas es necesario para mirarse a los ojos de otro modo y encender la pasión. Para empezar a tener “buenas noches” es imprescindible construir “buenos días”; la sexualidad excede los limites de la cama y es posible alimentar el deseo en la cotidianeidad.

Resulta indispensable identificar las causas que generan la falta de deseo a los fines de
ocuparse rápidamente y evitar aumento de malestar subjetivo. En caso de ser necesario, es
recomendable realizar una consulta con profesionales de la salud.
Disfrutar en plenitud de la sexualidad en la pareja es fundamental para un nivel óptimo en la calidad de vida.

Maria Eugenia Bruno.
Lic en psicología. MP 8242 .Especialista en psicoterapia cognitiva.
Instagram psicóloga_maria_bruno

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