Periodista y figura de la radio y la televisión, Marianita logró convertirse en una de las comunicadoras más seguidas y queridas por los cordobeses. Y aunque este año el destino le hizo probar una de sus cartas más amargas, pudo transformar el dolor en el motor para reconstruirse y seguir transitando un camino profesional promisorio.
Entrevista a una chica que llegó desde el interior cargada de sueños, que se le están haciendo realidad…
Por Cheche Caudana

Fotografía: Mariano Bazán
Looks: Back to Back
Agradecimiento especial: Rosario Mamblona

-Sos de San Francisco y llama la atención la cantidad de profesionales del interior
que ocupan lugares protagónicos en los medios de Córdoba y el mundo. ¿Crees
que hay algo especial que nos diferencia?
-Creo que sí. A mí nunca deja de sorprenderme que adonde voy, siempre hay alguien
del interior y de San Francisco hay gente en los medios de todo el mundo Creo que
tenemos algo muy especial y es que, ante todo, somos gente muy laburadora, que nos
criamos con esa cultura de trabajo y, por otro lado, que somos personas muy sociables y
muy respetuosas. Tenemos esa cierta inocencia del interior que se mantiene, eso nos
diferencia. Y creo que por esos valores muchos llegaron y muchos se mantienen.

-¿La pasión por el periodismo venía desde tu infancia? ¿Siempre sentiste que esta
era tu vocación?
-Siempre de chica me gustó. Tenía un grabador de casette y con mis amigas hacíamos
programas de radio; con mi hermana poníamos todos los peluches y hablábamos como
si fuera el público, hacíamos entrevistas. Desde los 15 sabía que iba a ser periodista.


-¿Y cómo empezaste?
-Mi primer amor fue la radio. Yo empecé trabajando en una de las radios de Grupo
Shopping, por una pasantía de la facultad; ahí estuve algunos años, haciendo la co-
conducción de un programa, hasta que llegó lo de la tele. En aquel momento tenía 21
años y ¡me levantaba todos los días a las 5 de la mañana!
Es muy importante empezar desde chica. El mejor consejo que un profesional te puede
dar es que arranques a trabajar y adquirir experiencia laboral ni bien puedas. En lo que
sea. Todo suma.

-Es una profesión muy demandante. ¿Como te organizás para no convertirte en
una workalcoholic?

-Para mi es muy importante el espacio personal. En un momento me ofrecieron trabajar
los fines de semana y dije que no. Para mi los sábados a la mañana son sagrados: estar
en mi casa, con Carmelo (su conejo), tomar unos mates, escuchar música. Disfruto
mucho de mi tiempo libre y lo valoro un montón, más en esta profesión donde también
trabajamos los feriados. El poco tiempo libre que tengo lo aprovecho al máximo, y cada
día valoro más mis tiempos de ocio. Y he aprendido con los años a decir que no a
muchos trabajos, ese “no” sano de poner un freno. Y en eso me ayudó mucho la
terapia.

-Y en ese tiempo libre, ¿que es lo que más disfrutar hacer?
-Cocinar, me encanta cocinar. Hice algunos cursos, con Dante y Darío (los chefs de El
show de la mañana) aprendí mucho en la tele y hasta en la radio sumamos un segmento
de cocina. Me gusta mucho preparar comida italiana, pastas, ñoquis y también hacer
postres, tartas, souffles. ¡Mi soufflé de atún, entre otros, está superbien posicionado! Me
gusta probar, jugar… Mi mamá también cocinaba muy bien y ella me ha pasado varias
recetas que salen muy bien, como la isla flotante, por ejemplo. Los fines de semana y a
la noche me pongo mucho con eso.

-Es un año muy difícil para vos. Me mencionabas a tu mamá, a quien perdiste
hace unos meses producto de una fuerte depresión. ¿Como estás sobrellevando este momento?
-Este 2018 es el año más fuerte de mi vida, por un montón de cosas. Obviamente lo de
mi mamá me marca para siempre. Ella enfermó de depresión 10 años atrás, fue un
proceso largo y desde aquel momento con toda mi familia tuvimos que acostumbrarnos
a una nueva etapa, a tener una mamá que a veces tenía días malos, otros mejores.
Obvio que uno nunca espera este final, tan tremendo. Pero creo que lo afrontamos con
mucha fortaleza, con mucha unidad y rodeados de mucho amor. Mi mamá era una mujer
muy querida, muy especial. Es muy difícil, a mí me duele un montón pensar que ya no
la tengo físicamente, pero la siento permanentemente y la encuentro en un montón de
cosas chiquitas todos los días. Siempre que tengo que tomar una decisión pienso en lo
que ella me diría. Ella siempre nos decía que la vida es linda, que hay que seguir
adelante. Siempre nos enseñó a ver todo lo positivo, siendo que ella en esta última etapa
de su enfermedad no lo podía ver. Trato de encontrarla en las cosas cotidianas, de
recordarla, desde mi lugar de comunicadora trato que de a poco se hable también
de la depresión. Una vez un psicólogo me dijo que la depresión es como el “cáncer
de la mente”. La mente es algo muy profundo, complicado y a esta enfermedad la sufre
mucha gente, la sufre en silencio y sufre todo el entorno. No solo esa persona necesita
ayuda, contención, sino también todos lo que los rodean. Para uno también poder
reconstruirse frente a esa realidad.


-¿Te costó contar públicamente cuál había sido la causa de su pérdida?
-Yo nunca sentí vergüenza de decirlo. El problema de la enfermedad de mi mamá en mi
ciudad ya se conocía, había una gran red de contención alrededor de ella. Todo el
mundo colaboraba. Y hasta mi mamá lo intentó todo: ella era supercreyente, hacía yoga,
iba al psicólogo, al psiquiatra, tomaba medicación, jugaba al tenis, tenía amigas. Todo
para poder salir. Pero siempre supimos que el suicidio era una posibilidad y el día que
ella decidió terminar con su vida, sabíamos que podía pasar. Es durísimo aceptarlo,
decirlo, es un cachetazo. Pero a mí, lejos de avergonzarme, me enorgullece todo lo que
hicimos y hasta estoy orgullosa de ella. No creo que ella haya querido dejar de existir,
creo que fue su enfermedad, se la comió y es necesario visibilizarlo para poner sobre la  mesa un problema que afecta a un montón de personas. No tengo un trauma porque mi
mamá se suicidó. Lo tomo como que fue el desenlace de una enfermedad, que en
muchos casos termina así, lamentablemente.

-Y los afectos son más que nunca fundamentales…
-Creo que uno aprende a convivir con esto y mi familia juega un papel muy importante,
al igual que mi pareja, mis amigas, mis colegas y mi mascota ¡¡a full!!


-Hablando de eso, cómo llega Carmelo a tu vida y ¿¡por qué un conejo!?
-Tuve varios conejos cuando era chica. Pobres, no duraban mucho porque los revoleaba
de las orejas (era medio Chucky), pero siempre fue un animal que me encantó. Cuando
vine a Córdoba quería tener un perro y como en los departamentos no se podía, decidí
comprarme un conejo. Hace muchos años no era tan común, ahora un poco más.
Empecé averiguar que raza comprar y opté por un conejo enano de orejas caídas, que no
crecía tanto y se podía domesticar, lo castré, conseguí un buen veterinario y lo crié
como a un perro Y hoy él es supersociable, cariñoso, un conejo es mucho más
inteligente de lo que la gente cree…

-Y como se manifiesta, como te demuestra su cariño?
-Él, cuando está contento, salta y revolea las patas, las sacude. Y con la personas es
también muy cariñoso: te da vueltas alrededor, te da besitos… igual que un perro.
Con Carmelo pasó algo muy loco, cuando compartí algo en Instagram con él. Fue como
un furor, porque es como un peluche, todos lo ven como alguien muy tierno. Es todo un
personaje. Me gusta tenerlo.

-Te gusta la vida al aire libre, conocemos tu gusto por el SUP (Stand up paddleBoard), pero ahora también ¡te le animás al tenis!
-Yo siempre fui bastante amarga para el tenis, pero hace unos años volvimos con mi
hermana para reencontrarnos y compartir algo juntas. Es más lo que nos reímos que lo
que jugamos, no somos muy buenas, pero nos encanta. También salgo a caminar, voy al
gimnasio. Cuando tengo un tiempo hago actividad física, porque ante todo me hace bien
a la cabeza.

-De acá a un tiempo, ¿como te imaginás?
-Me gustaría seguir trabajando como periodista, pero también me veo mamá en los
próximos años. Me gustaría que mi trabajo y mi rutina me permitieran viajar más. A mí
siempre me gusto viajar y me parece que es el mejor tiempo y dinero invertido. Si
puedo imaginar algo ideal sería todo eso.

-Y ya muy pronto, se vienen cosas nuevas…
-Sí, se vienen cosas lindas, hay nuevas propuestas para seguir avanzando. Y si espero
algo para el 2019 es que no tenga emociones tan extremas. Este 2018 fue un año muy,
muy fuerte. Para el futuro me conformo con un poco más de paddle board ¡y menos
terremotos!


Marianita “al toque”
Nombre completo: Mariana Inés Asán
Signo: Sagitario
Color preferido: Blanco y celeste
Tu fortaleza: La perseverancia

Tu debilidad: Demasiado sincera
Un superpoder que te gustaría poseer: Tener memoria eterna
Cable a tierra: Carmelo (su conejo)

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